La app
Lo que hace la app y no hace una pantalla de despacho.
Todo lo que está aquí es algo que la app hace hoy, no un plan.
Cuándo salir, no solo cuándo llegar
Sabes la hora de recogida. Lo que no puedes saber viendo una lista es si el camino entre donde estás y donde vas está en treinta minutos ahora mismo o en setenta, y para cuando eso se hace evidente ya es tarde para hacer algo.
La app responde con la hora de arrancar, contada hacia atrás con el tráfico en vivo y diez minutos de llegar temprano. Se pone en negativo cuando el momento ya pasó, y dice claramente cuando salir ahora igual sería tarde. Cuando no hay datos de ruta lo dice, en vez de adivinar, porque una hora de salida inventada es el único número sobre el que un chofer actúa.
Nunca recibes el teléfono del huésped
Llamar al huésped pasa por un puente. Tú lo alcanzas, él te alcanza, y ninguno de los dos números se comparte con el otro. Sigue funcionando después del viaje, y deja de funcionar cuando debe.
El cartel, y qué nombre va en él
El cartel de recepción está en el teléfono: iniciales por defecto, y el nombre completo solo cuando el huésped pidió que lo reciban así. En una reserva discreta a la app nunca se le manda el nombre real, así que ninguna pantalla puede mostrar lo que nunca recibió.
“Estoy aquí pero no me puedo detener”
En la mayoría de los aeropuertos no hay dónde esperar. Un toque le dice al huésped, en la página que ya tiene abierta y en su propio idioma, que salga a la acera.
A propósito no es una llegada. Llegar es estar parado en el punto de recogida: es lo que prueba que estuviste ahí si el huésped no aparece, y lo que activa el crédito por retraso. Dar vueltas no cuenta para ninguna de las dos, y confundirlas significaría que la empresa pague créditos que no debe y produzca prueba de algo que no pasó.
Tu propia app de navegación
Waze, Google Maps o Apple Maps, elegida una vez y recordada. A nadie se le obliga a aprender un mapa peor solo porque viene incluido.